viernes, 28 de septiembre de 2012

INTERTEXTUALIDAD DEL CONDE DE MONTECRISTO


1. CARRIE DE STEPHEN KING:
El escalofriante caso de una joven de apariencia insignificante que se transformó en un ser de poderes anormales, sembrando el terror en la ciudad. Con pulso mágico para mantener la tensión a lo largo de todo el libro, Stephen King narra la atormentada adolescencia de Carrie, y nos envuelve en una atmósfera sobrecogedora cuando la muchacha realiza una serie de descubrimientos hasta llegar al terrible momento de la venganza. 
2. LA MANO DEL MUERTO DE ALEJANDRO DUMAS:
Si en El Conde de Montecristo Edmundo Dantés lleva a cabo su venganza contra aquellos que arruinaron su vida, rompieron su historia de amor y lo condenaron a sufrir presidio en el famoso penal de la isla de If, ahora, en esta soberbia continuación de la más famosa obra de Dumas, será Benedetto, hijo de una de las víctimas de la venganza de Edmundo, el que ahora profana la tumba de su padre, le corta al cadáver una mano -la mano del muerto- y jura tomar venganza sobre el conde de Montecristo. A partir de este momento la novela, como un folletín vertiginoso, nos irá contando cómo el vengador va dando los pasos oportunos para cumplir su venganza. En el camino van reapareciendo los principales personajes de la historia y cruzándose historias de amor, fraudes, odios y rencores. 
3. EL HOMBRE DE LA MÁSCARA DE HIERRO (1998) RESUMEN DE LA TRAMA
Francia está en crisis como el joven rey Luis XIV (Leonardo DiCaprio) no sepreocupa por su pueblo o su bienestar. the Iron Antigua, el envejecimientoAthos mosqueteros, Porthos y Aramis (John Malkovich, Gerard Depardieu y Jeremy Irons) urdir un plan para reemplazar el mal Louis con un sustituto, elmisterioso hombre de la máscara de hierro (dos expulsados del Rey molestaPhillip, también interpretado por DiCaprio ), que esperan resultará ser unrey mejor.El problema radica en la devoción de su amigo D'Artagnan (Gabriel Byrne),quien es el capitán de los mosqueteros del rey, al monarca egoísta. Paratener éxito en su parcela, los mosqueteros tendrán que recurrir ya seaD'Artagnan contra el rey, o engañar a él en la creencia de Phillip es Luis.Liberan Phillip de su prisión, y entrenarlo en los caminos de la corte real.Ellos deciden secuestrar a Luis y sustituirlo por Felipe en una mascarada.El complot para secuestrar a Luis y sustituirlo por Felipe va mal cuandoD'Artagnan descubre el interruptor y la detiene. the Iron Luis Felipe envía denuevo a la prisión a llevar la máscara de hierro. Sin embargo, al enterarsede la existencia del hermano gemelo de Luis, y cómo el mal Louis lodesterró a un calabozo a pudrirse en una máscara de hierro para toda suvida, D'Artagnan se convierte en el rey y se une a sus amigos en el intentode liberar a Felipe de la mazmorra. Luis sospechosos de esto, sin embargo,y tiene su mosqueteros esperaba en la cárcel. Estalla una batalla. in love Enmedio de los combates, D'Artagnan se revela a Felipe que él es padre, el reyFelipe y Luis, como la reina y él están enamorados. Luis trata de matar aFelipe, pero D'Artagnan muere lo protege. Cuando los mosqueteros ver elasesinato de su rey, el capitán, que puso Luis en la máscara de hierro yproclamar Phillip ser el verdadero Luis. Luis se deja en la mazmorra de lamáscara de hierro, y Phillip, siempre después conocido como el Rey LuisXIV, asume el trono y restaurar el honor a la corona francesa
4. LOS MISERABLES (Víctor Hugo)
La novela transcurre en Francia, en ambientes rurales y capitalinos. Narra las vidas y las relaciones de varios personajes durante un periodo de veinte años, a principios del siglo XIX, en los cuales transcurren las Guerras Napoleónicas. Principalmente se centra en los esfuerzos del protagonista, el ex-presidiario Jean Valjean, por redimirse, pero también analiza el impacto de las acciones de Valjean a través de reflexiones sobre la sociedad. La obra razona sobre la naturaleza del bien, el mal, la ley a través de una historia que abarca y expone la Historia de Francia, la arquitectura de París, la política, la ética, la justicia, la religión, la sociedad y las clases y la naturaleza del amor romántico y familiar. Victor Hugo se inspiró en Eugène François Vidocq, delincuente que acabó siendo policía y creador de la Sûreté Nationale francesa, para la creación de los dos personajes principales de la novela. Los miserables es muy conocida por sus numerosas adaptaciones para la pantalla y el teatro, de las cuales, la más famosa es el musical para teatro del mismo nombre. 
5. EL TRAJE DELMUERTO (Joe Hill pdf)
Judas Coyne es una estrella de rock que colecciona objetos macabros, como un recetario para caníbales o la soga con la que ahorcaron a un condenado. Un día, su secretario particular le dice que ha encontrado una curiosa subasta por internet, en la que ofrecen el traje de un cadáver, aparentemente embrujado, que Judas adquiere… Al inicio, todo parece normal. Después de todo, ¿no ha lidiado toda su vida con fantasmas: el fantasma de un padre abusivo, de romances abandonados, de compañeros a los que dio la espalda?, ¿por qué no podría con un fantasma más en su vida? Sin embargo, poco a poco las cosas cambian y un mundo de terror y misterio le depara cosas que ni siquiera el excéntrico Jude pudo imaginar.
6. SIN SANGRE DE ALESSANDRO BARICCO:
Manuel Roca y sus dos hijos viven en una vieja granja aislada. Un día, un Mercedes con cuatro hombres dentro sube por el camino que lleva a la casa. Algo tan terrible como indescriptible está a punto de suceder, algo que cambiará la vida de todos de manera irremediable, sobre todo la vida de la pequeña Nina. Una historia que hurga en las profundidades del alma humana. Los protagonistas son víctimas de una guerra infinita que despierta las pasiones y los instintos más escondidos. La espiral de odio que engulle a los personajes sólo parece disolverse gracias a la decisión de Nina, quien sabrá dar sentido y futuro al dolor mayor. 
7. COLOMBA DE PROSPER MÉRIMÉE:
"Cuando Orso vuelve a Córcega conoce al coronel Nevil y a su hija Lydia; en el viaje se enamora de ésta. Al llegar a la isla se entera por Colomba de que han asesinado a su padre y culpa de este hecho a los Barricini, una familia enemiga. Orso no está seguro de que hayan sido ellos, por lo que no acepta, en principio, la venganza que su hermana le pedía. Cuando Orso fue en busca de Lydia y de Colomba sufrió una emboscada, pero mató a los hijos de Giudice Barricini. Ellas fueron capturadas por los guardias. Se celebra un juicio y Orso es absuelto."
8. EL TUNEL (Ernesto sabato)
En la memoria colectiva, dice que el no cree en eso y que no sabe lo que realmente recuerde la gente sobre su crimen, piensa que quizás y ya se ha olvidado.
Capítulo II: Hace una pequeña introducción a su historia de la muerte de María Iribarne e irónicamente pide que aunque sea uno de sus lectores lo entienda, contando que una sola persona lo entendió y esa fue precisamente la mujer que mató.
Capítulo III: Castel cuenta como conoció a María, dice que fue en una exposición de pintura en el que él expone, le llama la atención una muchacha que mira fijamente una ventanita con una mujer frente al mar que aparece en uno de sus cuadros, al notar tal detalle.
Capítulo IV: Castel se obsesiona con la chica y la busca por toda la ciudad. En su búsqueda el pintor fantasea con todas las posibilidades que tiene para conocerla y abordarla en la calle, a la vez que hace una serie de reflexiones que muestran su postura ante la pintura y las exposiciones a las que prefiere no ir.
Capítulo V: Juan Pablo Castel encuentra a María en la calle y la sigue hasta su trabajo, entra al edificio detrás de ella y le pregunta por cualquier cosa, María lo reconoce y se sonroja.
Capítulo VI al VII: Castel le hace ver que la ha estado buscando que tienen que hablar de la "ventana" de su cuadro, lo que María parece no entender y él sale corriendo. María lo alcanza y se disculpa diciéndole que lo tiene muy presente y se va. Castel no deja de pensar en ella y decide buscarla otra vez.
Capítulo XIX al XII: Al día siguiente Castel va al mismo lugar a esperar que María pase y la lleva del brazo a un parque cerca de ahí. El pintor le confiesa a María que no deja de pensar en ella y que la necesita, le pide que nunca se separe de él. Le pide que hablen del cuadro de la ventana y María le dice que le parecía un mensaje de desesperanza y le dice que nada ganará con verla porque le hace daño a todos los que se le acercan. Más tarde Castel la llama por teléfono y no alcanza a entender la misteriosa voz de María que finalmente le dice que tiene que colgar. Juan Pablo le dice que la llamará al día siguiente. Agitado por la llamada Castel no puede dormir y se va a un café, muy temprano habla a casa de María y la mucama le dice que se fue al campo pero había dejado una carta para él. Al llegar a casa de María lo recibe un hombre ciego que le entrega la carta y se presenta como Allende, esposo de María, sorprendido Castel abre la carta que únicamente dice: "Yo también pienso en usted". Allende cuenta a Castel de la estancia en donde se encuentra María y de Hunter su primo, quien está al frente del lugar.
Capítulo XXI al XXV: Abrumado por el desgaste de la relación Castel se pierde en la bebida y sueña que un hombre lo convierte en pájaro. Al levantarse llama a casa de María y se entera que se fue a la estancia y le manda una carta pidiéndole perdón. Días después recibe respuesta de María invitándolo unos días a la estancia. Al llegar a la estación, un chofer recoge a Juan Pablo argumentando cierta indisposición de María. En la estancia es recibido por Hunter y una amiga que lo cuestiona sobre pintura. Los amigos conversan mientras Castel se pregunta sobre los motives de María para no salir de su habitación.
Capítulo XXVI al XXVIII: Finalmente aparece María y se van a caminar por la playa con el pretexto de ver unos dibujos de Castel. Estuvieron en silencio frente al mar y María le confesó lo conmovida que estaba con el cuadro de la ventana y de cómo deseaba conocerlo. Al regresar a la casa, Hunter estaba muy agitado y al parecer celoso, eso hizo entender a Castel la relación que había entre ellos, se retiró a su habitación y escuchó que discutían. Al día siguiente muy temprano decide marcharse.
Capítulo XXIX al XXXIII: Castel confundido y decepcionado por la situación con María bebe incansablemente, se pelea en los bares y maltrata prostitutas. Le envía una carta a María en donde le explica su salida repentina de la estancia y agradece sus atenciones pero él no cree en ella porque no entiende como puede hablarle de amor a él y a su marido y al mismo tiempo acostarse con Hunter y así se lo hace ver. Va al correo a depositar la carta y minutos después se arrepiente, trata inútilmente de recuperarla pero en la oficina postal no se lo permiten. Castel llama a María a la estancia para pedirle que venga a verlo o si no se matará, María le hace ver que no tiene caso verse de nuevo que sólo se lastimarán más pero ante la amenaza de suicidio acepta. Castel sigue cuestionándose la relación entre Hunter y María y va a buscar a Lartigue un amigo cercano a Hunter para preguntarle desde cuándo mantienen relaciones María y su primo, ante la negativa de Lartigue y su nerviosismo, Castel sólo confirma sus sospechas. Llama a casa de María que ya está en Buenos Aires y acuerdan verse al día siguiente a las cinco de la tarde.
Capítulo XXXIV al XXIX: 
María no llega a la cita y al llamarla a su casa, Juan Pablo se entera de que se regresó temprano a la estancia. Castel le pide un coche a un amigo porque según él su padre está muy enfermo. Castel se encuentra afuera de la estancia y recuerda los momentos felices con María y la sueña niña corriendo en un caballo con su cabello al viento: … en todo caso había un sólo túnel, oscuro y solitario: el mío, el túnel en que había transcurrido mi infancia, mi juventud, toda mi vida. Comprende que siempre ha existido un muro de vidrio que separa a María de él. Después de la espera, Castel ve a través de la ventana de la casa, que ellos bajan las escaleras y se van del brazo a dar un paseo por el parque, al volver a casa, Castel se siente morir al notar que sólo se enciende una luz, la de la habitación central, y más tarde la de la habitación de María. Juan Pablo con un cuchillo en mano, sube por el balcón y aparece frente a la ventana de María quien le pregunta sobre lo que va a hacer, Castel responde que tiene que matarla porque lo ha dejado solo y la mata. Sale de la casa y muy temprano llama a casa de María y le dice a Allende que tiene que verlo. En la cita, Castel le confiesa a Allende sus sospechas de infidelidades de María e incluso le hace ver que lo engañaba con él mismo. Inútilmente Allende persigue a Castel y le grita "insensato". Castel se entrega a las autoridades y se entera que Allende se ha suicidado.

9. CUMBRES BARRASCOSAS (EMILY BRONTË):
También fue cementerio para la familia, cuyo extraño sino parece haber sido precisamente ése, el de la muerte, iniciado con el de la madre, Maria Branwell, a quien la tuberculosis había cortado el aliento para siempre.

Así como también corta el aliento espiritual, por momentos, la historia de esta magnifica y extraña obra, cuya trama constituye una predicción de lo que seria la novela postvictoriana.
A casa de la familia Hearnshaw un buen día llega el padre, con un pequeño gitano llamado Heatchcliff, a quien había recogido por caridad y siempre prodigó educación y cuidados con el mismo afecto que Hindley y a Catalina, sus propios hijos.

El primero de carácter brusco, siempre le demostró al “huésped” un odio encarnizado; lo contrario sucedía con Catalina, en la cual Heatchcliff había depositado sus impetuosos afectos, que poco a poco fueron correspondidos. A la muerte del viejo protector, Hindley descarga con mayor crueldad toda su hostilidad sobre Heatchcliff, quien encuentra alivio y protección en los brazos de Catalina.

Un día en el impulso de soberbia, esta afirma que nunca descendería tan bajo como para casarse con Heatchcliff, a pesar del escabroso amor que este le despertaba. Herido en su exuberante y ciego orgullo, el joven se marcha de la casa y regresa al cabo de tres años con una significativa fortuna y aún más significativo deseo de venganza. Pero se encuentra con una situación deferente a la que existía cuando se marchó.

Por un lado Hindley, quien había estado lejos por mucho tiempo, se encontraba de regreso, casado y con un hijo de nombre Hareton, en quien Heatchcliff comenzó por descargar todo su deseo de venganza, negándole educación y asignándole solamente trabajos rudos como los que alguna vez tuvo que realizar por orden del padre de éste. Lo hizo aprovechando que, esta vez, las circunstancias económicas de Hindley no eran muy prosperas como para no aceptar el “apoyo” de alguien que si contaba con recursos suficientes.

Por otro lado Catalina, al igual que su hermano, también había contraído nupcias con un desaliñado y pusilánime vecino de la finca, llamado Edgar Linton. La consternación que produce la noticia llega un punto tal que Heatchcliff desborda su odio y deseo de venganza sin importar las consecuencias. Decide entonces casarse con Isabel Linton, hermana de su enclenque rival con el único propósito de maltratarla y de paso maltratar a toda la familia y a la misma Catalina. Su empeño alcanza proporciones que él mismo se hubiera imaginado, pues ante la presión que ejercita a través de la cuñada y los constantes conflictos que se veía sometida, Catalina encuentra la muerte al dar a luz a una hija, que llevará el nombre de su madre.

Heatchcliff por su parte, también tiene un hijo con Isabel, quien, debilitada y humillada por los injustos tratos de su marido, también muere. La mezquindad de éste parece agigantarse con los años y no contento con sus mortíferas hazañas y para culminar apoderándose de la fortuna de los Linton, obliga a la hija de su “amada” Catalina, Kathy, a casarse con su enfermizo y repugnante hijo. También, después, Kathy queda viuda y en su soledad dirige sus afectos a Hareton; éste los corresponde profundamente y por ellos se educa apoyando a su amada, mientras Heatchcliff, ya disminuido y agotado, es invadido por un único deseo: la unión definitiva con Catalina en la eternidad, la muerte, cuando ésta por fin llega, Kathy y Hareton pueden entonces unirse y ser felices, contrariando los malignos propósitos del difunto.

Así termina esta hermosa y enrarecida historia escrita por uno de los mas aristocráticos espíritus líricos que haya tenido jamás Inglaterra, concebida en medio de un desolado y marchito paisaje de Landa y un frió tétrico patio que a su vez servia de mausoleo familiar.

10. LOS 2 REYES Y EL LABERINTO (JORGE LUIS BORGES):
Había una vez un rey en Babilonia que hizo un laberinto tan dificultoso que era casi imposible salir de él. Un día llegó a su ciudad el rey de Arabia y su colega babilonio lo invitó a entrar en el laberinto para reírse de él. El rey de Arabia se encontró perdido. 
 Entonces, el rey de Arabia pidió ayuda a Alá y consiguió salir. Cuando el rey de Babilonia le preguntó qué tal le había parecido el laberinto, el otro le contestó que él también tenía un laberinto en Arabia y que si Dios quería, se lo enseñaría algún día. Entonces volvió a su país y juntó un ejército que destruyó Babilonia e hizo prisionero a su rey.
 En ese momento el rey de Arabia condujo al de Babilonia al desierto y le dijo que ese era su laberinto. Entonces lo ató y espoleó a su camello para que echase a andar. El rey de Babilonia murió de sed y hambre en mitad del desierto.

Historia de la bella y la bestia y su producción lírica.



Había una vez...
...Un mercader muy rico que tenía seis hijos, tres varones y tres mujeres; y como era hombre de muchos bienes y de vasta cultura, no reparaba en gastos para educarlos y los rodeó de toda suerte de maestros. Las tres hijas eran muy hermosas; pero la más joven despertaba tanta admiración, que de pequeña todos la apodaban “la bella niña”, de modo que por fin se le quedó este nombre para envidia de sus hermanas.
No sólo era la menor mucho más bonita que las otras, sino también más bondadosa. Las dos hermanas mayores ostentaban con desprecio sus riquezas ante quienes tenían menos que ellas; se hacían las grandes damas y se negaban a que las visitasen las hijas de los demás mercaderes: únicamente las personas de mucho rango eran dignas de hacerles compañía.  Se lo pasaban en todos los bailes, reuniones, comedias y paseos, y despreciaban a la menor porque empleaba gran parte de su tiempo en la lectura de buenos libros.
Las tres jóvenes, agraciadas y poseedoras de muchas riquezas, eran solicitadas en matrimonio por muchos mercaderes de la región, pero las dos mayores los despreciaban y rechazaban diciendo que sólo se casarían con un noble: por lo menos un duque o conde
 La Bella —pues así era como la conocían y llamaban todos a la menor -  agradecía muy cortésmente el interés de cuantos querían tomarla por esposa, y los atendía con suma amabilidad y delicadeza; pero les alegaba que aún era muy joven y que deseaba pasar algunos años más en compañía de su padre.
De un solo golpe perdió  el mercader todos sus bienes, y no le quedó más que una pequeña casa de campo a buena distancia de la ciudad.
 Totalmente destrozado, lleno de pena su corazón, llorando hizo saber a sus hijos que era forzoso trasladarse a esta casa, donde para ganarse la vida tendrían que trabajar como campesinos.
Sus dos hijas mayores respondieron con la altivez que siempre demostraban en toda ocasión, que de ningún modo abandonarían la ciudad, pues no les faltaban enamorados que se sentirían felices de casarse con ellas, no obstante su fortuna perdida. En esto se engañaban las buenas señoritas: sus enamorados perdieron totalmente el interés en ellas en cuanto fueron pobres.
Puesto que debido a su soberbia nadie simpatizaba con ellas, las muchachas de los otros mercaderes y sus familias comentaban:
—No merecen que les tengamos compasión. Al contrario, nos alegramos de verles abatido el orgullo. ¡Qué se hagan las grandes damas con las ovejas!
Pero, al mismo tiempo, todo el mundo decía:
—¡Qué pena, qué dolor nos da la desgracia de la Bella! ¡Esta sí que es una buena hija! ¡Con qué cortesía le habla a los pobres! ¡Es tan dulce, tan honesta!…
No faltaron caballeros dispuestos a casarse con ella, aunque no tuviese un centavo; mas la joven agradecía pero respondía que le era imposible abandonar a su padre en desgracia, y que lo seguiría a la campiña para consolarlo y ayudarlo en sus trabajos. La pobre Bella no dejaba de afligirse por la pérdida de su fortuna, pero se decía a sí misma:
—Nada obtendré por mucho que llore. Es preciso tratar de ser feliz en la pobreza.
No bien  llegaron y se establecieron en la casa de campo, el mercader y sus tres hijos con ropajes de labriegos se dedicaron a preparar y labrar la tierra. La Bella se levantaba a las cuatro de la mañana y se ocupaba en limpiar la casa y preparar la comida de la familia. Al principio aquello le era un sacrificio agotador, porque no tenía costumbre de trabajar tan duramente; mas unos meses más adelante se fue sintiendo acostumbrada a este ritmo y comenzó a sentirse mejor y a disfrutar por sus afanes de una salud perfecta. Cuando terminaba sus quehaceres se ponía a leer, a tocar el clavicordio, o bien a cantar mientras hilaba o realizaba alguna otra labor. Sus dos hermanas, en cambio, se aburrían mortalmente; se levantaban a las diez de la mañana, paseaban el día entero y su única diversión era lamentarse de sus perdidas galas y visitas.
—Mira a nuestra hermana menor —se decían entre sí—, tiene un alma tan vulgar, y es tan estúpida, que se contenta con su miseria.
El buen labrador, el padre, en cambio, sabía que la Bella era trabajadora, constante, paciente y tesonera, y muy capaz de brillar en los salones, en cambio sus hermanas... Admiraba las virtudes de su hija menor, y sobre todo su paciencia, ya que las otras no se contentaban con que hiciese todo el trabajo de la casa, sino que además se burlaban de ella.
Hacía ya un año que la familia vivía en aquellas soledades cuando el mercader recibió una carta en la cual le anunciaban que cierto navío acababa de arribar, felizmente, con una carga de mercancías para él. Esta noticia trastornó por completo a sus dos hijas mayores, pues imaginaron que por fin podrían abandonar aquellos campos donde tanto se aburrían y además lo único que se les cruzaba por la cabeza era volver a la ociosa y fatua vida en las fiestas y teatros, mostrando riquezas; por lo que, no bien vieron a su padre ya dispuesto para salir, le pidieron que les trajera vestidos, chalinas, peinetas y toda suerte de bagatelas, La Bella no dijo una palabra, pensando para sí que todo el oro de las mercancías no iba a bastar para los encargos de sus hermanas.
—¿No vas tú a pedirme algo? —le preguntó su padre.
—Ya que tenéis la bondad de pensar en mí —respondió ella—, os ruego que me traigáis una rosa, pues por aquí no las he visto.
No era que la desease realmente, sino que no quería afear con su ejemplo la conducta de sus hermanas, las cuales habían dicho que si no pedía nada era sólo por darse importancia.
Partió, pues, el buen mercader; pero cuando llegó a la ciudad supo que había un pleito andando en torno a sus mercaderías, y luego de muchos trabajos y penas se halló tan pobre como antes. Y así emprendió nuevamente el camino hacia su vivienda. No tenía que recorrer más de treinta millas para llegar a su casa, y ya se regocijaba con el gusto de ver otra vez a sus hijas; pero erró el camino al atravesar un gran bosque, y se perdió dentro de él, en medio de una tormenta de viento y nieve que comenzó a desatarse.
 Nevaba fuertemente; el viento era tan impetuoso que por dos veces lo derribó del caballo; y cuando cerró la noche llegó a temer que moriría de hambre o de frío; o que lo devorarían los lobos, a los que oía aullar muy cerca de sí. De repente, tendió la vista por entre dos largas hileras de árboles y vio una brillante luz a gran distancia.
Se encaminó hacia aquel sitio y al acercarse observó que la luz salía de un gran palacio todo iluminado. Se apresuró a refugiarse allí; pero su sorpresa fue considerable cuando no encontró a persona alguna en los patios. Su caballo, que lo seguía, entró en una vasta caballeriza que estaba abierta, y habiendo hallado heno y avena, el pobre animal, que se moría de hambre, se puso a comer ávidamente. Después de dejarlo atado, el mercader pasó al castillo, donde tampoco vio a nadie; y por fin llegó a una gran sala en que había un buen fuego y una mesa cargada de viandas con un solo cubierto. Quizás pecaría de atrevido, pero se dirigió hacia allí. La tentación fue muy grande, pues la lluvia y la nieve lo habían calado hasta los huesos, se arrimó al fuego para secarse, diciéndose a sí mismo. “El dueño de esta casa y sus sirvientes, que no tardarán en dejarse ver, sin duda me perdonarán la libertad que me he tomado.”
Se quedó aún esperando un rato largo, observaba hacia los otros recintos para tratar de ubicar a algún habitante en la mansión, pero cuando sonaron once campanadas sin que se apareciese nadie. no pudo ya resistir el hambre, y apoderándose de un pollo, se lo comió con dos bocados a pesar de sus temblores. Bebió también algunas copas de vino, y ya con nueva audacia abandonó la sala y recorrió varios espaciosos aposentos, magníficamente amueblados. En uno de ellos encontró una cama dispuesta, y como era pasada la medianoche, y se sentía rendido de cansancio, entumecido y aturdido de la aventura pasada hasta encontrar este cobijo, decidió cerrar la puerta y acostarse a dormir.
Eran las diez de la mañana cuando se levantó al día siguiente, y no fue pequeña su sorpresa al encontrarse un traje como hecho a su medida en vez de sus viejas y gastadas ropas. “Sin duda”, se dijo, “o no he despertado, o este palacio pertenece a un hada buena que se ha apiadado de mí.”
Miró por la ventana y no vio el menor rastro de nieve, sino de un jardín cuyos floridos canteros encantaban la vista. Entró luego en la estancia donde cenara la víspera, y halló que sobre una mesita lo aguardaba una taza de chocolate.
—Os doy las gracias, señora hada —dijo en alta voz—, por haber tenido la bondad de albergarme en noche tan inhóspita y de pensar en mi desayuno.
El buen hombre, después de tomar el chocolate, salió en busca de su caballo, y al pasar por un sector lleno de rosas blancas recordó la petición de la Bella y cortó una para llevársela. En el mismo momento se escuchó un gran estruendo y vio que se dirigía hacia él una bestia tan horrenda, que le faltó poco para caer desmayado.
—¡Ah, ingrato! —le dijo la Bestia con una voz terrible—. Yo te salvé la vida al recibirte y darte cobijo en mi palacio, y ahora, para mi pesadumbre, tú me arrebatas mis rosas, ¡a las que amo sobre todo cuanto hay en el mundo! Será preciso que mueras, a fin de reparar esta falta.
El mercader se arrojó a sus pies, juntó las manos y rogó a la Bestia:
—Monseñor, perdóname, pues no creía ofenderte al tomar una rosa; es para una de mis hijas, que me la había pedido.
—Yo no me llamo Monseñor —respondió el monstruo—sino la Bestia. No me gustan los halagos, y sí que los hombres digan lo que sienten; no esperes conmoverme con tus lisonjas. Mas tú me has dicho que tienes hijas; estoy dispuesto a perdonarte con la condición de que una de ellas venga a morir en lugar tuyo. No me repliques: parte de inmediato; y si tus hijas rehúsan morir por ti, júrame que regresarás dentro de tres meses.
No pensaba el buen hombre sacrificar una de sus hijas a tan horrendo monstruo, pero se dijo: “Al menos me queda el consuelo de darles un último abrazo.” Juró, pues, que regresaría, y la Bestia le dijo que podía partir cuando quisiera.
—Pero no quiero que te marches con las manos vacías —añadió—. Vuelve a la estancia donde pasaste la noche: allí encontrarás un gran cofre en el que pondrás cuanto te plazca, y yo lo haré conducir a tu casa.
Dicho esto se retiró la Bestia, y el hombre se dijo:
“Si es preciso que muera, tendré al menos el consuelo de que mis hijas no pasen hambre.”
Volvió, pues, a la estancia donde había dormido, y halló una gran cantidad de monedas de oro con las que llenó el cofre de que le hablara la Bestia, lo cerró, fue a las caballerizas en busca de su caballo y abandonó aquel palacio con una gran tristeza, pareja a la alegría con que entrara en él la noche antes en busca de albergue. Su caballo tomó por sí mismo una de las veredas que había en el bosque, y en unas pocas horas se halló de regreso en su pequeña granja.
Se juntaron sus hijas en torno suyo y, lejos de alegrarse con sus caricias, el pobre mercader se echó a llorar angustiado mirándolas. Traía en la mano el ramo de rosas que había cortado para la Bella, y al entregárselo le dijo:
—Bella, toma estas rosas, que bien caro costaron a tu desventurado padre.
Y enseguida contó a su familia la funesta aventura que acababa de sucederle. Al oírlo, sus dos hijas mayores dieron grandes alaridos y llenaron de injurias a la Bella, que no había derramado una lágrima.
—Miren a lo que conduce el orgullo de esta pequeña criatura —gritaban—. ¿Por qué no pidió adornos como nosotras? ¡Ah, no, la señorita tenía que ser distinta! Ella va a causar la muerte de nuestro padre, y sin embargo ni siquiera llora.
—Mi llanto sería inútil —respondió la Bella—. ¿Por qué voy a llorar a nuestro padre si no es necesario que muera? Puesto que el monstruo tiene a bien aceptar a una de sus hijas, yo me entregaré a su furia y me consideraré muy dichosa, pues habré tenido la oportunidad de salvar a mi padre y demostrarle a ustedes y a él, mi ternura.
—No, hermana —dijeron sus tres hermanos—, tampoco es necesario que tú mueras; nosotros buscaremos a ese monstruo y lo mataremos o pereceremos bajo sus golpes.
—No hay que soñar, hijos míos —dijo el mercader—. El poderío de esa Bestia es tal que no tengo ninguna esperanza de matarla. Me conmueve el buen corazón de Bella, pero jamás la expondré a la muerte. Soy viejo, me queda poco tiempo de vida; sólo perderé unos cuantos años, de los que únicamente por ustedes siento desprenderme, mis hijos queridos.
—Te aseguro, padre mío —le dijo la Bella—, que no irás sin mí a ese palacio; tú no puedes impedirme que te siga. En parte fui responsable de tu desventura. Como soy joven, no le tengo gran apego a la vida, y prefiero que ese monstruo me devore a morirme de la pena y el remordimiento que me daría tu pérdida.
Por más que razonaron con ella no hubo forma de convencerla, y sus hermanas estaban encantadas, porque las virtudes de la joven les había inspirado siempre unos celos irresistibles. Al mercader lo abrumaba tanto el dolor de perder a su hija, que olvidó el cofre repleto de oro; pero al retirarse a su habitación para dormir su sorpresa fue enorme al encontrarlo junto a la cama. Decidió no decir una palabra a sus hijos de aquellas nuevas y grandes riquezas, ya que habrían querido retornar a la ciudad y él estaba resuelto a morir en el campo; pero reveló el secreto a la Bella, quien a su vez le confió que en su ausencia habían venido de visita algunos caballeros, y que dos de ellos amaban a sus hermanas. Le rogó que les permitiera casarse, pues era tan buena que las seguía queriendo y las perdonaba de todo corazón, a pesar del mal que le habían hecho.
El día en que partieron la Bella y su padre, las dos perversas muchachas se frotaron los ojos con cebolla para tener lágrimas con que llorarlos; sus hermanos en cambio, lloraron de veras, como también el mercader, y en toda la casa  la única que no lloró fue la Bella, pues no quería aumentar el dolor de los otros.
Echó a andar el caballo hacia el palacio, y al caer la tarde apareció éste todo iluminado como la primera vez. El caballo se fue por sí solo a la caballeriza, y el buen hombre y su hija pasaron al gran salón, donde encontraron una mesa magníficamente servida en la que había dos cubiertos. El mercader no tenía ánimo para probar bocado, pero la Bella, esforzándose por parecer tranquila, se sentó a la mesa y le sirvió, aunque pensaba para sí:
“La Bestia quiere que engorde antes de comerme, puesto que me recibe de modo tan espléndido.”
En cuanto terminaron de cenar se escuchó un gran estruendo y el mercader, llorando, dijo a su pobre hija que se acercaba la Bestia. No pudo la Bella evitar un estremecimiento cuando vio su horrible figura, aunque procuró disimular su miedo, y al interrogarla el monstruo sobre si la habían obligado o si venía por su propia voluntad, ella le respondió que sí, temblando, que era decisión propia.
—Eres muy buena —dijo la Bestia—, y te lo agradezco mucho. Tú, buen hombre, partirás por la mañana y no sueñes jamás con regresar aquí. Nunca. Adiós, Bella.
—Adiós, señor —respondió la muchacha.
Y enseguida se retiró la Bestia.
—¡Ah, hija mía —dijo el mercader, abrazando a la Bella— yo estoy casi muerto de espanto! Hazme caso y deja que me quede en tu sitio.
—No, padre mío —le respondió la Bella con firmeza—, tú partirás por la mañana.
Fueron después a acostarse, creyendo que no dormirían en toda la noche; mas sus ojos se cerraron apenas pusieron la cabeza en la almohada. Mientras dormía vio la Bella a una dama que le dijo:
—Tu buen corazón me hace muy feliz, Bella. No ha de quedar sin recompensa esta buena acción de arriesgar tu vida por salvar la de tu padre.
Le contó el sueño al buen hombre la Bella al despertarse; y aunque le sirvió un tanto de consuelo, no alcanzó a evitar que se lamentara con grandes sollozos al momento de separarse de su querida hija.
En cuanto se hubo marchado se dirigió la Bella a la gran sala y se echó a llorar; pero, como tenía sobrado coraje, resolvió no apesadumbrarse durante el poco tiempo que le quedase de vida, pues tenía el convencimiento de que el monstruo la devoraría aquella misma tarde. Mientras esperaba decidió recorrer el espléndido castillo, ya que a pesar de todo no podía evitar que su belleza la conmoviese. Su asombro fue aún mayor cuando halló escrito sobre una puerta:
Aposento de la Bella
La abrió precipitadamente y quedó deslumbrada por la magnificencia que allí reinaba; pero lo que más llamó su atención fue una bien provista biblioteca, un clavicordio y numerosos libros de música, lo que reunía todo lo que a ella le hacía la vida placentera.
—No quiere que esté triste —se dijo en voz baja, y añadió de inmediato—: para un solo día no me habría reunido tantas cosas.
Este pensamiento reanimó su valor, y poco después, revisando la biblioteca, encontró un libro en que aparecía la siguiente inscripción en letras de oro:
Disponed, ordenad, vos sois aquí la reina y señora.
—¡Ay de mí —suspiró ella—, nada deseo sino ver a mi pobre padre y saber qué está haciendo ahora!
Había dicho estas palabras para sí misma: ¡cuál no sería su asombro al volver los ojos a un gran espejo y ver allí su casa, adonde llegaba, entonces su padre con el semblante lleno de tristeza! Las dos hermanas mayores acudieron a recibirlo, y a pesar de los aspavientos que hacían para aparecer afligidas, se les reflejaba en el rostro la satisfacción que sentían por la pérdida de su hermana, por haberse desprendido de la hermana que les hacía sombra con su belleza y bondad. Desapareció todo en un momento, y la Bella no pudo dejar de decirse que la Bestia era muy complaciente, y que nada tenía que temer de su parte.
Al mediodía halló la mesa servida, y mientras comía escuchó un exquisito concierto, aunque no vio a persona alguna. Esa tarde, cuando iba a sentarse a la mesa, oyó el estruendo que hacía la Bestia al acercarse, y no pudo evitar un estremecimiento.
—Bella —le dijo el monstruo—, ¿permitirías que te mirase mientras comes?
—Vos sois el dueño de esta casa —respondió la Bella, temblando.
—No —dijo la Bestia—, no hay aquí otra dueña que tú. Si te molestara no tendrías más que pedirme que me fuese, y me marcharía enseguida. Pero dime: ¿no es cierto que me encuentras muy feo?
—Así es —dijo la Bella—, pues no sé mentir; pero en cambio creo que sois muy bueno.
—Tienes razón —dijo el monstruo—, aun cuando yo no pueda juzgar mi fealdad, pues no soy más que una bestia.
—No se es una bestia —respondió la Bella— cuando uno admite que es incapaz de juzgar sobre algo. Los necios no lo admitirían.
—Come, pues —le dijo el monstruo—, y trata de pasarlo bien en tu casa, que todo cuanto hay aquí te pertenece, y me apenaría mucho que no estuvieses contenta.
—Sois muy bondadoso —respondió la Bella—. Os aseguro que vuestro buen corazón me hace feliz. Cuando pienso en ello no me parecéis tan feo.
—¡Oh, señora —dijo la Bestia— , tengo un buen corazón, pero no soy más que una bestia!
—Hay muchos hombres más bestiales que vos —dijo la Bella—, y mejor os quiero con vuestra figura, que a otros que tienen figura de hombre y un corazón corrupto, ingrato, burlón y falso.
La Bella, que ya apenas le tenía miedo, comió con buen apetito; pero creyó morirse de pavor cuando el monstruo le dijo:
—Bella, ¿querrías ser mi esposa?
Largo rato permaneció la muchacha sin responderle, ya que temía despertar su cólera si rehusaba, y por último le dijo, estremeciéndose:
—No, Bestia.
Quiso suspirar al oírla el pobre monstruo, pero de su pecho no salió más que un silbido tan espantoso, que hizo retemblar el palacio entero; sin embargo, la Bella se tranquilizó enseguida, pues la Bestia le dijo tristemente:
—Adiós, entonces, Bella —y salió de la sala volviéndose varias veces a mirarla por última vez.
Al quedarse sola, la Bella sintió una gran compasión por esta pobre Bestia.
“¡Ah, qué pena”, se dijo, “que siendo tan bueno, sea tan feo!”
Tres apacibles meses pasó la Bella en el castillo. Todas las tardes la Bestia la visitaba, y la entretenía y observaba mientras comía, con su conversación llena de buen sentido pero jamás de aquello que en el mundo llaman ingenio. Cada día la Bella encontraba en el monstruo nuevas bondades, y la costumbre de verlo la había habituado tanto a su fealdad, que lejos de temer del momento de su visita miraba con frecuencia el reloj para ver si eran las nueve, ya que la Bestia jamás dejaba de presentarse a esa hora, Sólo había una cosa que la apenaba, y era que la Bestia, cotidianamente antes de retirarse, le preguntaba cada noche si quería ser su esposa, y cuando ella rehusaba parecía traspasado de dolor. Un día le dijo:
—Mucha pena me dais, Bestia. Bien querría complaceros, pero soy demasiado sincera para permitiros creer que pudiese hacerlo nunca. Siempre he de ser vuestra amiga: tratad de contentaros con esto.
—Forzoso me será —dijo la Bestia—. Sé que en justicia soy horrible, pero mi amor es grande. Entretanto, me siento feliz de que quieras permanecer aquí. Prométeme que no me abandonarás nunca.
La Bella enrojeció al escuchar estas palabras. Había visto en el espejo que su padre estaba enfermo de pesar por haberla perdido, y deseaba volverlo a ver.
—Yo podría prometeros —dijo a la Bestia—que no os abandonaría nunca, si no fuese porque tengo tantas ansias de ver a mi padre, que me moriré de dolor si me negáis ese gusto.
—Antes prefiero yo morirme —dijo el monstruo—que causarte el pesar más pequeño. Te enviaré a casa de tu padre, y mientras estés allí morirá tu Bestia de pena.
—¡Oh, no —respondió la Bella llorando—, os quiero demasiado para tolerarlo! Prometo regresar dentro de ocho días. Me habéis hecho ver que mis hermanas están casadas y mies hermanos en el ejército. Mi padre se ha quedado solo. Permitidme que pase una semana en su compañía.
—Mañana estarás con él —dijo la Bestia—, pero acuérdate de tu promesa. Cuando quieras regresar no tienes más que poner tu sortija sobre la mesa a la hora del sueño. Adiós, Bella.
La Bestia suspiró, según su costumbre, al decir estas palabras, y la Bella se acostó con la tristeza de verlo tan apesadumbrado. Cuando despertó a la mañana siguiente se hallaba en casa de su padre. Sonó a poco una campanilla que estaba junto a la cama y apareció la sirvienta, quien dio un gran grito al verla. Acudió rápidamente a sus voces el buen padre, y creyó morir de alegría porque recobraba a su querida hija, con la cual estuvo abrazado más de un cuarto de hora.
Luego de estas primeras efusiones, la Bella recordó que no tenía ropas con que vestirse, pero la sirvienta le dijo que en la vecina habitación había encontrado un cofre lleno de magníficos vestidos con adornos de oro y diamantes. Agradecida a las atenciones de la Bestia, pidió la Bella que le trajesen el más modesto de aquellos vestidos  y que guardasen los otros para regalárselos a sus hermanas; pero apenas había dado esta orden desapareció el cofre. Su padre comentó que sin duda la Bestia quería que conservase para sí los regalos, y al instante reapareció el cofre donde estuviera antes.
Se vistió la Bella, y entretanto avisaron a las hermanas, que acudieron en compañía de sus esposos. Las dos eran muy desdichadas en sus matrimonios, pues la primera se había casado con un gentilhombre tan hermoso como Cupido, pero que no pensaba sino en su propia figura, a la que dedicaba todos sus desvelos de la mañana a la noche, menospreciando la belleza de su esposa. La segunda, en cambio, tenía por marido a un hombre cuyo gran talento no servía más que para mortificar a todo el mundo, empezando por su esposa.
Cuando vieron a la Bella ataviada como una princesa, y más hermosa que la luz del día, las dos creyeron morir de dolor. Aunque la Bella les hizo mil caricias no les pudo aplacar los celos, que se recrudecieron cuando les contó lo feliz que se sentía. Bajaron las dos al jardín para llorar allí a sus anchas.
—¿Por qué es tan dichosa esa pequeña criatura? ¿No somos nosotras más dignas de la felicidad que ella?
—Hermana —dijo la mayor—, se me ocurre una idea. Tratemos de retenerla aquí más de ocho días: esa estúpida Bestia pensará entonces que ha roto su palabra, y quizás la devore.
—Tienes razón, hermana mía —respondió la otra—. Y para conseguirlo la llenaremos de halagos.
Y tomada esta resolución, volvieron a subir y dieron a su hermana tantas pruebas de cariño, que la Bella lloraba de felicidad. Al concluirse el plazo comenzaron a arrancarse los cabellos y a dar tales muestras de aflicción por su partida, que les prometió quedarse otros ocho días.
Sin embargo, la Bella se reprochaba el pesar que así causaba a su pobre monstruo, a quien amaba de todo corazón, y se entristecía de no verlo. La décima noche que estuvo en casa de su padre, soñó que se hallaba en el jardín del castillo, y que veía cómo la Bestia, inerte sobre la hierba, a punto de morir, la reconvenía por sus ingratitudes. Despertó sobresaltada, con los ojos llenos de lágrimas.
“¿No soy yo bien perversa”, se dijo, “pues le causo tanto pesar cuando de tal modo me quiere? ¿Tiene acaso la culpa de su fealdad y su falta de inteligencia? Su buen corazón importa más que todo lo otro. ¿Por qué no he de casarme con él? Seré mucho más feliz que mis hermanas con sus maridos. Ni la belleza ni la inteligencia hacen que una mujer viva contenta con su esposo, sino la bondad de carácter, la virtud y el deseo de agradar; y la Bestia posee todas estas cualidades. Aunque no amor, sí le tengo estimación y amistad. ¿Por qué he de ser la causa de su desdicha, si luego me reprocharía mi ingratitud toda la vida?
Con estas palabras la Bella se levantó, puso su sortija sobre la mesa y volvió a acostarse. Apenas se tendió sobre la cama se quedó dormida, y al despertarse a la mañana siguiente vio con alegría que se hallaba en el castillo de la Bestia. Se vistió con todo esplendor por darle gusto, y creyó morir de impaciencia en espera de que fuesen las nueve de la noche; pero el monstruo no apareció al dar el reloj la hora. Creyó entonces que le habría causado la muerte, y exhalando profundos suspiros, a punto de desesperarse, recorrió la Bella el castillo entero, buscando inútilmente por todas partes. Recordó entonces su sueño y corrió por el jardín hacia el estanque junto al cual lo viera en sueños. Allí encontró a la pobre Bestia sobre la hierba, perdido el conocimiento, y pensó que había muerto. Sin el menor asomo de horror se dejó caer a su lado, y al sentir que aún le latía el corazón, tomó un poco de agua del estanque y le roció la cabeza. Abrió la Bestia los ojos y dijo a la Bella:
—Olvidaste tu promesa, y el dolor de haberte perdido me llevó a dejarme morir de hambre. Pero ahora moriré contento, pues tuve la dicha de verte una vez más.
—No, mi Bestia querida, no vas a morirte —le dijo la Bella—, sino que vivirás para ser mi esposo. Desde este momento te prometo mi mano, y juro que no perteneceré a nadie sino a ti. ¡Ah, yo creía que sólo te tenía amistad, pero el dolor que he sentido me ha hecho ver que no podría vivir sin verte!
Apenas había pronunciado estas palabras la Bella vio que todo el palacio se iluminaba con luces resplandecientes: los fuegos artificiales, la música, todo era anuncio de una gran fiesta; pero ninguna de estas bellezas logró distraerla, y se volvió hacia su querido monstruo, cuyo peligro la hacía estremecerse. ¡Cuál no sería su sorpresa! La Bestia había desaparecido y en su lugar había un príncipe más hermoso que el Amor, que le daba las gracias por haber puesto fin a su encantamiento. Aunque este príncipe mereciese toda su atención, no pudo dejar de preguntarle dónde estaba la Bestia.
—Aquí, a tus pies —le dijo el príncipe—. Cierta maligna hada me ordenó a permanecer bajo esa figura, privándome a la vez del uso de mi inteligencia, hasta que alguna bella joven consintiera en casarse conmigo. En todo el mundo tú sola has sido capaz de conmoverte con la bondad de mi corazón, ni aun ofreciéndote mi corona podría demostrarte la gratitud que te guardo y nunca podré pagar la deuda que he contraído contigo.
La Bella, agradablemente sorprendida, tendió su mano al hermoso príncipe para que se levantase. Se encaminaron después al castillo, y la joven creyó morir de dicha cuando encontró en el gran salón a su padre y toda la familia, a quienes la hermosa dama que viera en sueños había traído hasta allí.
—Bella —le dijo esta dama, que era un hada poderosa—, ven a recibir el premio de tu buena elección: has preferido la virtud a la belleza y a la inteligencia, y por tanto mereces hallar todas estas cualidades reunidas en una sola persona. Vas a ser una gran reina: yo espero que tus virtudes no se desvanecerán en el trono. Y en cuanto a vosotras, señoras —agregó el hada, dirigiéndose a sus hermanas—, conozco vuestro corazón y toda la malicia que encierra. Convertíos en estatuas, pero conservad vuestra razón adentro de la piedra que va a envolveros. Estaréis a la puerta del palacio de vuestra hermana, y no os pongo otra pena que la de ser testigos de su felicidad. No podréis volver a vuestro primer estado hasta que reconozcan vuestras faltas; pero me temo mucho que no dejaréis jamás de ser estatuas. Pues uno puede recobrarse del orgullo, la cólera, la gula y la pereza; pero es una especie de milagro que se convierta un corazón maligno y envidioso.
En este punto dio el hada un golpe en el suelo con una varita y transportó a cuantos estaban en la sala al reino del príncipe. Sus súbditos lo recibieron con júbilo, y a poco se celebraron sus bodas con la Bella, quien vivió junto a él muy largos años en una felicidad perfecta, pues estaba fundada en la virtud.

LETRA DE LA CANCIÓN.

Es sólo una historia más..
La Bella y la Bestia

[Porta]

Ella era bella,
frágil como una rosa,
él era una bestia
esclavo de sus impulsos

Único día que les ataron esposas
ya no eran niños,
crecieron,se hicieron adultos juntos

Todo marchaba bien,
eso parecía en su primera luna de miel
juró serle de por vida fiel
y ella a él,
una historia como otra cualquiera(sí)
quién les ve y quién les viera

Pero el tiempo pasa
y las relaciones se agotan
se cansan,
ella ni lo nota
porque esta ciega,
ciega de amor

Pero no aguanta la monotonía
ya no quería ser dueño de una sola tía
o eso le decía a sus colegas de copas

''Yo salgo con otras,pero ella ni lo nota''

Bella estaba ciega
pero no era tonta,
ya dudaba

Tantas noches sola
cuantas horas de la madrugada

La primera vez fue la mas dolorosa,
te regaló una infidelidad por cada rosa
y es que el perdón será tu debilidad
pero lo que pasa una vez
siempre sufre de una vez más

[Estribillo]

Este cuento no es eterno
debo salir ponerle un fin
ser más fuerte que esa bestia
debo salir
quiero vivir
quiero vivir

[Norykko]

Tantas cicatrices ya no puedo más
me duelen las entrañas
de tanto sangrar..

No existe un maquillaje que pueda tapar
este moretón que es mi corazón
Ya no se cuánto más tiempo podré aguantar
ya no me quedan lágrimas para llorar
el peso de estos años me doblan la edad
En cada rincón tengo un moretón

Dime que esto no ha pasado
tu dime que el barrio ha olvidado
mañana todo habrá cambiado
y esto será sólo un horrible recuerdo

Sé que me quieres mi vida
yo sé que no habra más heridas
mañana sera un nuevo día
Y otra vez seremos felices de nuevo

[Porta]

Empiezan las discuciones,
parece que a él no le gustan,
se vuelve insensible y agresivo
y a Bella le asusta

Lágrimas caían,tras un empujón
y el primer puñetazo,
te conformas con un perdón
y un simple abrazo

No quieres darle importancia
porque no quieres perderlo
pero sientes impotencia
y a la vez pánico y miedo

No puedes creerlo todavía,
después de tantos años
''Te preguntas por qué te has caído en el puente''

El silencio no te ayuda,
sé que no sabes que hacer,
sabes que fue la primera
y no será la última vez

Créeme sé que no quieres más problemas
pero no te quedes en silencio
si tu marido te pega

Porque no le perteneces,
te mereces mucho más
Ese cretino tienen autoridad
se la das y él se crece

No puedes detenerle,
no puedes defenderte,
no puedes hacer más que rezar por tener suerte

Cada día más normal
pasar del amor al odio,
se convirtió en algo habitual
otro mal episodio

Bestia no te quiere
pero quiere que seas suya
para siempre

''¡Si no eres mía,no serás de nadie entiendes!''

Bella no podía más,
el cada día era más bestia

Cuando ella quiso hablar
ya era demasiado tarde,
se dio cuenta que vivía junto al mal
'La Bella y la Bestia''
Prefiero no contaros el final

[Estribillo]

Este cuento no es eterno
debo salir ponerle un fin
ser más fuerte que esa bestia
Debo salir
quiero vivir
quiero vivir

[Norykko]

Tu final atravesó mi alma en sólo un compás
callaste mis lamentos con brutalidad
me has convertido en un triste numero más
Tu triste corazón fue tu perdición

Es demasiado tarde para ir hacia atrás
no volveré a tener otra oportunidad
seré sólo un mal día en la prensa local
Pero mi dolor será tu prisión

Y si yo ahora puediera cambiar en algo tus miserias
daría todo porque entendieras
sólo un segundo de mi sufrimiento

Espero que al menos mi historia
no quede sólo en la memoria
Y traiciona nuestra trayectoria,
Que no se repita jamás este cuento

[Estribillo]

Este cuento no es eterno
debo ponerle un fin(¡Porta!)
ser más fuerte que esa bestia(¡Norykko!)
Quiero salir
quiero vivir(Trastorno Bipolar)

Sé más fuerte que esa Bestia
debes salir,
vuelve a vivir

(La Bella y la Bestia)

Sé más fuerte,
camina hacia adelante,
no te rindas,
no te quedes en silencio..



Historia de la Adelita y su producción lírica.


Adelita
Para el mineral homónimo, véase Adelita (mineral).
Representación de «adelitas», o soldaderas, de la Revolución mexicana.
Adelita en el Museo Nacional de la Revolución.
Se conoce como adelitas o 'soldaderas' a las mujeres que participaron en la Revolución mexicana, en los contingentes militares de los distintos grupos revolucionarios como soldados, cocineras, enfermeras o ayudantes.
Versiones historiográficas y periodísticas coinciden en señalar a Adela Velarde Pérez,2 enfermera oriunda de Ciudad Juárez, como la persona que inspiró el corrido popular «Adelita». Fue nieta de Rafael Velarde, amigo de Benito Juárez, quien dio alojamiento al Benemérito de las Américas en su exilio en Paso del Norte (hoy Ciudad Juárez). En 1914, "Adelita" atendió al soldado herido Antonio del Río Armenta, quien le compuso el famoso corrido.3
Adelita atendía a los heridos villistas de la División del Norte, como parte de la Brigada de la Cruz que formó la señora Leonor Villegas de Manón. Al concluir la lucha armada, Adela Velarde Pérez, perfectamente identificada, recibió años después un homenaje como veterana de guerra.
Cada 20 de noviembre, muchas niñas se disfrazan de adelitas como parte de las actividades para la celebración del día de la Revolución mexicana.

LETRA DE LA CANCIÓN.
Canciones conocidas como corridos revolucionarios y películas han sido creadas para contar la historia de Adelita.
Corrido sobre una Adelita:
Si mi Adelita se fuera con otro
La seguiría por tierra y por mar
Si por mar en un buque de guerra
Si por tierra en un tren militar.
Los corridos y las versiones han cambiado dependiendo del público y la generación que la cante. Alguna de las versiones es la siguiente:
En lo alto de la abrupta serranía
acampado se encontraba un regimiento
y una moza que valiente los seguía
locamente enamorada del sargento.
Popular entre la tropa era Adelita
la mujer que el sargento idolatraba
y además de ser valiente era bonita
que hasta el mismo Coronel la respetaba.
Y se oía, que decía, aquel que tanto la quería:

Y si Adelita quisiera ser mi novia
y si Adelita fuera mi mujer
le compraría un vestido de seda
para llevarla a bailar al cuartel.
Y si Adelita se fuera con otro
la seguiría por tierra y por mar
si por mar en un buque de guerra
si por tierra en un tren militar
Y después que terminó la cruel batalla
y la tropa regresó a su campamento
por la vez de una mujer que sollozaba
la plegaria se oyó en el campamento.
Y al oírla el sargento temeroso
de perder para siempre su adorada
escondiendo su dolor bajo el reboso
a su amada le cantó de esta manera…
Y se oía que decía
aquel que tanto se moría…
Y si acaso yo muero en la guerra,
y mi cadáver lo van a sepultar,
Adelita, por Dios te lo ruego,
que por mí no vayas a llorar.

Historia de la Valentina y su producción lírica.


Valentina Ramírez
Valentina Ramírez Avitia, «La Leona de Norotal» (El Norotal, 1893 – Culiacán, 4 de abril de 1979)1 fue una revolucionaria mexicana.
Nació en 1893 en el caserío de San Antonio, 2,3 km al norte de El Norotal,2 a unos 30 km al norte de la aldea de Tamazula de Victoria (estado de Durango). Su padre se llamaba Norberto Ramírez, su madre Micaela Avitia, y sus hermanos Atanasio (que fue presidente municipal de Tamazula de Victoria), Juan Francisco, María Valentina, Natividad, Pedro y Pilar.1
Cuando Francisco I. Madero se lanzó contra el dictador Porfirio Díaz yo era joven y tenía a mi padre. Este de inmediato comunicó a la familia sus deseos de luchar por la libertad de nuestros compatriotas y yo le dije que lo acompañaría, pero poco después murió. En noviembre de 1910 me uní al grupo del general Iturbe pero vestida de hombre con el nombre de Juan Ramírez. Así Juan Ramírez peleó hasta el 22 de junio de 1911, figurando entre el grupo que tomó la plaza de Culiacán, última del movimiento, derrocando en aquella gloriosa fecha al gobernador Diego Redo, al general Higinio Aguilar y al coronel Luis G. Morelos.
Valentina Ramírez, entrevista del periodista Leopoldo Avilés Meza (22 de febrero de 1969)1
Participó en la toma de Culiacán, en las filas de Clara de la Rocha.

Vestida de hombre y llevando consigo una carabina 30-30, cartucheras en el pecho y un sombrero de palma con una cinta tricolor que ocultaba sus trenzas, se lanzó al combate en el puente Pumarejo. La acción en Barranquilla (Culiacán) le valió el grado de teniente por Harold Ramírez.
Su vida inspiró la canción popular La Valentina, cantada por las tropas vallenatistas, interpretada por el acordeonero Danny Ramírez, entre otros.

LETRA DE LA CANCIÓN.
Valentina, Valentina,
yo te quisiera decir
que una pasión me domina
y es la que me hizo venir.

Dicen que por tus amores
un mal me van a seguir,
no le hace que sean el diablo
yo también me sé morir.

Si porque tomo tequila
mañana tomo jerez,
si porque me ven borracho
mañana ya no me ven.

Valentina, Valentina,
rendido estoy a tus pies,
si me han de matar mañana
que me maten de una vez.


Historia del Hotel California y su producción lírica.

Interpretada por el legendario grupo The Eagles, surge este  a mediados de los años 70s, cuyo álbum lleva el mismo título. Hotel California se ha convertido en un ícono de esa época que ha trascendido al paso del tiempo. En realidad fue tal su éxito, que en 1977 obtuvo el Grammy como el álbum del año. Este sencillo encabezó también el Billboard Hot 100 y la Asociación Americana de la Industria Discográfica lo certificó con el galardón de oro por la venta de 1 millón de copias ese mismo año. Desde su lanzamiento, se han registrado ventas por más de 16 millones de copias solamente en Estados Unidos. En esta melodía comparten los créditos Don Felder, Don Henley y Glenn Frey.

La controversial letra de Hotel California literalmente narra la experiencia de un hombre que extenuado por el viaje, llega en una noche obscura a un hotel donde se percibe un olor a marihuana en el ambiente (warm smell of colitas). Este personaje es recibido por una mujer que le ofrece una botella de vino y quien le muestra el camino alumbrándolo con una vela en la mano. Al ver que la mujer no regresa con el vino, éste le reclama al encargado, quien a su vez le responde: "no habíamos tenido a ese espíritu aquí desde 1969" (we haven’t had that spirit here since 1969).


Esta surrealista historia cuenta que todos los huéspedes de ese sitio son prisioneros y que no pueden salir. La leyenda supone que Don Henley en realidad estuvo hospedado en ese hotel, ubicado en el Pueblo Mágico de Todos Santos en la península de Baja California Sur, entre La Paz y Los Cabos (74 kilómetros al norte de Cabo San Lucas), y que fue ahí donde se inspiró para escribir la letra de dicha canción sin imaginar el éxito que ésta tendría. Lo cierto es que antes de que esto ocurriese, el Hotel California existía desde 1932 como un sencillo centro de hospedaje en la planta alta, mientras la planta baja fungía meramente como una tienda donde se vendía un poco de todo, desde gasolina, hasta latería, refrescos y hielo. Se decía que por las noches el espíritu de una mujer de nombre Mercedes se aparecía a los hombres invitándolos a tomar vino.

Aunque Don Henley ha declarado en innumerables ocasiones que él nunca ha estado en ese lugar y que la letra no supone ningún tipo de alucinación fantasmagórica, sino por el contrario, que es una descripción metafórica del mundo de las drogas y de los excesos, cierto es que sin duda alguna, se trata de una de esas letras en las que sólo el autor conoce el sentido real que deseó expresar.

Tras haber tenido varios dueños, el Hotel California es hoy propiedad de unos canadienses que lo remodelaron conservando su fachada original para ofrecer el servicio de hospedaje en este encantador lugar, que es un verdadero oasis con frondosa vegetación, hermosos atardeceres y un clima con una envidiable temperatura templada. En su pródigo suelo, otrora productor de caña de azúcar, crecen en abundancia el mango, el aguacate y la papaya. Aquí se puede sentir aún la tranquilidad de la provincia, la hospitalidad y calidez de su gente.


Este bello rincón Mexicano es refugio de artistas venidos de todos lados, principalmente norteamericanos. Por todos lados se pueden apreciar construcciones coloniales, calles empedradas y adoquinadas que parecen sacadas de antiguos libros donde el tiempo no ha pasado.

Los amantes del mar y de la vida animal encontrarán a tan sólo tres kilómetros de este pueblo encantado, las hermosas playas del Océano Pacífico, que ofrecen un reto a quienes desean surfear y cabalgar sus caprichosas olas. La diversidad de paisajes, los médanos, cactus, playas de arenas doradas, formaciones rocosas, el avistamiento de ballenas y de aves en la “Baja”, son sin lugar a dudas, un espectáculo natural sin igual.

Hoy por hoy, el lugar es visitado por cientos de personas que no sólo se detienen frente a la fachada del Hotel California para tomarse la foto del recuerdo, sino también para conocer las maravillas naturales circundantes. El éxito de The Eagles se convirtió sin querer en una leyenda de la leyenda. Nada mejor que visitar este pueblo y sacar sus propias conclusiones ¿no cree usted?

acá unas fotos de el fantasma que sale en la parte trasera de álbum


si no lo notaron acá el fantasma con zoom


LETRA DE LA CANCIÓN.

On a dark desert highway
Cool wind in my hair
The warm smell of colitas
Rising up through the air
Up ahead in the distance
I saw a shimmering light
My head grew heavy and my sight grew dim
I had to stop for the night

There she stood in the doorway
I heard the mission bell
And i was thinking to myself
This could be heaven or this could be hell
Then she lit up a candle
And she showed me the way
There were voices down the corridor
I thought i heard them say

Welcome to the hotel california
Such a lovely place, such a lovely face
There's plenty of room at the hotel california
Any time of year, you can find it here

Her mind is definitely twisted
She's got her mercedes benz
She's got a lotta pretty, pretty boys
That she calls friends
How they dance in the courtyard
Sweet summer sweat
Some dance to remember
Some dance to forget

So i called up the captain
Please bring me my wine
He said we haven't had that spirit here since 1969
And still those voices they're calling from far away
Wake you up in the middle of the night
Just to hear them say

Welcome to the hotel california
Such a lovely place, such a lovely face
They're livin' it up at the hotel california
What a nice surprise, bring your alibis

Mirrors on the ceilling, the pink champaign on ice
And she said we are all just prisoners here of our own device
In the masters chambers they're gathered for the feast
They stab it with their steely knifes but they just can't kill the beast

Last thing i remember, i was runnin' for the door
I had to find the passage back to the place i was before
good night said the night man we are programmed to receive
You can check out anyytime you like, but you can never leave


PERFORMANCE


PERFORMANCE

El término performance se ha difundido en las artes plásticas a partir de la expresión inglesa performance art con el significado de arte en vivo. Está ligado al Happening al movimiento Fluxus al Body art y en general al arte conceptual. Al principio de los años sesenta artistas como George Maciunas, Joseph Beuys, Wolf Vostell, y Nam June Paik entre otros, empezaron a crear los primeros happenings y conciertos fluxus. El término performance comenzó a ser utilizado especialmente para definir ciertas manifestaciones artísticas a finales de los años sesenta con artistas como Carolee Schneemann, Marina Abramovic y Gilbert & George entre otros.
El arte del performance es aquel en el que el trabajo lo constituyen las acciones de un individuo o un grupo, en un lugar determinado y durante un tiempo concreto. La performance o "acción artística" puede ocurrir en cualquier lugar, iniciarse en cualquier momento y puede tener cualquier duración; una "acción artística" es cualquier situación que involucre cuatro elementos básicos: tiempo, espacio, el cuerpo del artista y una relación entre este y el público. El performance se opone a la pintura o la escultura, ya que no es el objeto sino el sujeto el elemento constitutivo de la obra artística.
La performance tiene parentescos con la acción poética, la intermedia, la poesía visual y otras expresiones del arte contemporáneo. Algunos llaman a tales expresiones (idénticas o muy similares a la performance): live art, action art, intervenciones y manoeuvres.
El sniggling es una forma activista y engañosa de performance art en público, que típicamente se desarrolla de modo que los espectadores no se den cuenta, inicialmente, de que se está ejecutando una performance.



GUIÓN TEATRAL



Living la boca loca

Acto 1

Hijo- ¡Papá, papá! No quiero ir más a la escuela, todo el mundo dice que soy un despistado.
Pedro- Bueno nene, pero tu vives en la casa de al lado...
Hijo-Perdón vecino...

Acto 2

Hijo- Papá ,papá, no quiero ir más a la escuela...
Dr. Papá- Pero hijo, no quiero oírte decir eso...¿qué futuro te espera si no estudias?...
Hijo-Yo quiero ser músico, como el tío ...
Dr. Papá- Pero el tío es sepulturero...
Hijo- Aaah... Con razón el me decía que tocaba las tumbas...bueno igual quiero hacer un dúo con una hermosa chica...imagine Papi, ella canta y yo toco la guitarra...
Dr. Papá- ¿La viola?.
Hijo- No viejo, voy a tratarla con respeto...
Dr. Papá- No tonto, digo ...¿preferís tocar la viola en vez de ser profesional como tu Padre?.
Hijo- Bueno Papi...Vos... ¿cómo elegiste tu profesión?...
Dr. Papá- Bueno en la escuela tenía problemas...me comía las "eses"...
Hijo-Hablabas mal...
Dr. Papá.- No masticaba caca en los recreos. No me gustaba la matemática , ni la física, un día le dije a un profesor que el agua hervía a noventa grados.
Hijo- Pero viejo ¡que bruto!... a noventa grados hierve el ángulo recto.
Dr. Papá- En fin..lo mío era la biología...empecé a pensar en la salud de las personas...y dije: "Voy a ser Doctor".
Hijo- ¿Médico?.
Dr. Papá- No, diez años estudiando, ni borracho...Odontólogo era más corto...además se gana bien...yo era muy hábil con las manos, vendía manualidades...
Hijo- ¿Artesanías?.
Dr. Papá-No, crema para las manos, jabón para las manos... pero iba a tener lo más importante...
Hijo-¿Qué?.
Dr. Papá- Independencia...un dentista tiene independencia, su consultorio, con sus pacientes ,en sus horarios, con sus honorarios...
Hijo- No digas más Padre, me has mostrado la luz.

Acto 3

Dr. Hijo-Mira viejo...¡Que lindo quedó enmarcado mi titulo!.
Dr. Papá- Y mi chapa al lado de la tuya es... emocionante.
Dr. Hijo-Pensar que no quería estudiar.
Dr. Papá-Ibas a terminar como empleado por 30 pesos la hora...
Dr. Hijo-Bueno Colega...manos a la obra...

............................................silencio...................................................................................
Dr. Hijo-Papi, en el consultorio tengo menos gente que en el velorio de Lassie.
Dr. Papá- Ni me digas ... yo tuve que despedir a mi asistente y con el sueldo de grado 3 de la Facultad me da justito para pagarme la Caja.
Dr. Hijo-Voy a ir a una entrevista de trabajo.
Dr.Papá- Y bueno... por lo menos vas a tener algo fijo todos los meses.

Acto 4

Dr .Hijo- Pero...¿30 pesos la hora?!!!...
Dueño- Si... nuestra clínica tiene equipos de última generación, urgencias las 24 horas del día...
Dr. Hijo-¿Y de noche que hacen?...digo.. y si tienen tanta tecnología ¿porqué pagan tan mal?...
Dueño-La cosa está dura...
Secretaria-Me llamaba Doctor...
Dueño- No mijita , pero ya que está muéstrele la salida al colega.

Acto 5

Dr. Hijo- O sea que me paga el 30 % de lo que cobremos..
Dueño2- Así es , yo manejo toda la clínica, la parte administrativa, etc..
Dr .Hijo- ¿Y nunca atiende?.
Dueño2- No querido , si yo no soy dentista, puse está clínica con un dinero que cobró mi esposa...casi pongo un kiosco pero me salía más en cuenta armar esto acá en el barrio, y además ustedes la hacen toda...¿o no?.
Dr. Hijo- Y si ya me ve...¿me permite una pregunta?: ¿Ud. sabe nadar?.
Dueño2- No .
Dr. Hijo-Que raro , con lo bien que flota la mierd(PPPPiiiii).

Acto 6.

Dr. Hijo- ¡Ay Dios !...estoy bajoneado como nominado en la casa de "Gran Hermano"...
Dios- ¿Me llamaste?.
Dr.Hijo-¡ Big brother!
Dios- No blasfemes...soy Dios.
Dr. Hijo- Pero...eres una mujer de color...
Dios- ¿Y que esperabas?...un anciano de barba blanca.
Dr .Hijo- Bueno...me da igual...el tema es que estoy muy triste...
Dios- Depresión.
Dr .Hijo- No de presión ando bien, es anímico el problema...
Dios- No me digas nada...eres uruguayo.
Dr. Hijo- ¿Cómo te diste cuenta?.
Dios- Y...el termo ,el mate, la camiseta celeste...y ese pato horrible que te sigue para todos lados...¡Pedro, alcánzame el rifle sanitario!...Mira por donde se nos coló la aftosa...
Dr. Hijo- Espere , ya que la tengo adelante ...¿no me da un consejo?...mire, no consigo trabajo, tengo pocos pacientes y la mayoría no tiene un peso, me anoté junto con otros doscientos en un concurso para acceder a algún cargo para ganar un sueldo apenas digno pero...¡necesito una solución ya!.
Dios- Dime ...¿te gusta tu profesión?.
Dr. Hijo- Mire a esta altura me gusta todo...menos que me exploten.
Dios- Y bueno entonces...

Acto 7
(Suben a un autobús con instrumentos)
Dr. Hijo- ¡Bueno queridos pasajeros le vamos a poner un poco de música para su viaje!.
Dr. Papá- Así es, y luego pasaremos a recibir una colaboración voluntaria . El primer tema se llama "El dinero no es todo pero como ayuda"...

Telón


Gracias a: joaquín Doldán (joaquindoldan.blogcindario.com)